En un mundo donde la desigualdad económica persiste, la tecnología emerge como una herramienta transformadora. Hoy exploramos cómo el acceso digital a servicios financieros ofrece empoderamiento económico sostenible y equitativo a millones de personas.
La inclusión financiera se define como el acceso y uso efectivo de servicios formales como cuentas, pagos, ahorro, crédito y seguros. Estos deben ser responsables, asequibles y estar respaldados por regulaciones que protejan al usuario y fomenten la educación financiera.
Numerosos estudios demuestran que una mayor inclusión financiera impulsa el desarrollo social y económico, reduciendo la pobreza, disminuyendo la vulnerabilidad frente a crisis y promoviendo inversiones en educación y salud.
En la última década, la noción de expansión de la inclusión financiera digital ha cobrado fuerza, gracias a canales como teléfonos móviles, internet y billeteras electrónicas. Estos avances permiten ofrecer productos a bajo costo, incluso en zonas remotas.
En 2011, cerca de 2.500 millones de adultos carecían de una cuenta formal. Hoy esa cifra ha descendido a aproximadamente 1.400 millones, evidenciando progresos, pero aún existe una residual y persistente brecha aún importante.
Aunque más del 80% de la población mundial posee un teléfono móvil, aún 1.300 millones de adultos no usan servicios financieros digitales por falta de productos adaptados y protección al consumidor.
Los avances en infraestructura digital han permitido el desarrollo de eficientes canales digitales globales que abaratan costos operativos y facilitan transacciones sin sucursales físicas.
Las personas pueden ahora abrir cuentas de dinero móvil con teléfonos sencillos, usar billeteras electrónicas para pagos por código QR, enviar remesas digitales y acceder a microcréditos en plataformas especializadas.
Al reducir costos y ampliar el alcance, estas innovaciones hacen viable ofrecer productos rentables a segmentos de bajos ingresos y comunidades rurales aisladas.
En África subsahariana, alrededor del 40% de los adultos utiliza cuentas de dinero móvil, liderando la inclusión digital gracias a iniciativas como M-Pesa en Kenia.
En América Latina y el Caribe, las cuentas de dinero móvil han crecido notablemente, con más de un tercio de los adultos activos en pagos digitales en países como Brasil y México.
En España y Europa, la banca en línea es común entre dos tercios de la población, aunque siguen existiendo brechas de uso entre personas mayores y con menor nivel educativo.
La base de una inclusión segura es un sistema de identidad digital confiable. Modelos como el sistema biométrico de la India vinculan subsidios y salarios a cuentas formales, reduciendo fraudes y costos de verificación.
Las regulaciones favorables, como licencias para operadores de dinero móvil y sandboxes regulatorios, permiten a las fintech innovar sin sacrificar la protección del consumidor. Asimismo, herramientas de regtech y suptech facilitan el cumplimiento y la supervisión en tiempo real.
Las fintech utilizan tecnología para ofrecer servicios financieros de manera eficiente y centrada en el usuario. Su modelo 100% digital reduce fricciones y permite llegar a clientes que antes eran considerados no rentables.
A pesar de los avances, persisten barreras que limitan el potencial de la inclusión digital.
Para seguir reduciendo la brecha financiera, es esencial articular acciones concretas entre actores públicos y privados.
La convergencia entre tecnología y servicios financieros está cambiando vidas: pequeñas agricultoras reciben pagos rápidos, emprendedores rurales acceden a microcréditos y familias antes invisibles participan en la economía formal.
Al adoptar estos avances con responsabilidad, transparencia y enfoque en el usuario, podemos construir un sistema financiero más justo, accesible y resiliente para todos.
Referencias