La integración de dispositivos conectados en servicios financieros está transformando la forma en que bancos, aseguradoras y fintechs operan, ofreciendo nuevas oportunidades de eficiencia, personalización y control de riesgos.
El Internet de las Cosas (IoT) se refiere a la red de objetos físicos equipados con sensores, software y conectividad que les permite capturar y transmitir datos a través de la red.
En el ámbito financiero, el IoT abarca desde cajeros inteligentes hasta wearables de pago, coches conectados y dispositivos de telemetría en seguros. Esta disciplina se integra con la transformación digital del sector financiero, que engloba banca abierta, inteligencia artificial y big data.
Según estimaciones, el impacto económico global del IoT podría alcanzar varios billones de dólares anuales, con decenas de miles de millones de dispositivos conectados en 2025–2030.
El mercado de IoT en banca, seguros y fintech ha presentado un crecimiento sostenido de dos dígitos en los últimos años. Analistas estiman un valor superior a 100.000 millones de dólares en 2023 y proyectan un CAGR cercano al 20 % hacia 2030.
Más del 60 % de las entidades financieras en Norteamérica y Europa ya han lanzado proyectos IoT, mientras que Asia-Pacífico muestra un ritmo de adopción del 55 %.
Las soluciones IoT están presentes en múltiples frentes: desde la optimización de sucursales hasta experiencias de pago omnicanal y modelos de crédito basados en datos en tiempo real.
Los cajeros automáticos conectados monitorizan en tiempo real niveles de efectivo, fallos y temperatura, activando alertas de seguridad y mantenimiento predictivo para reducir caídas. Esto puede disminuir tiempos de inactividad hasta en un 40 %.
Las sucursales “smart” incorporan sensores de aforo y movimiento, ajustan automáticamente climatización e iluminación y utilizan beacons para ofrecer al cliente experiencias personalizadas al instante, mejorando la eficiencia operativa y reduciendo costes energéticos.
El IoT ha impulsado el auge de los pagos contactless en wearables, anillos y llaveros equipados con NFC. Dispositivos cotidianos, desde refrigeradores hasta coches conectados, pueden realizar pedidos y transacciones de forma autónoma.
Las wallets digitales integradas en wearables se comunican con APIs bancarias, habilitando pagos automatizados en movilidad: parkings, peajes y transporte público funcionan sin intervención humana, ofreciendo una banca totalmente invisible al usuario.
Empresas que financian flotas y maquinaria utilizan sensores para medir uso, ubicación y estado de los activos. Así, los bancos ajustan tasas de interés y primas de acuerdo con el riesgo real, reduciendo morosidad hasta un 25 %.
El colateral inteligente permite detectar deterioro o robos en tiempo real, acelerando la recuperación de bienes y mejorando la confianza en productos de leasing y préstamos para pymes.
El seguro es uno de los campos con mayor adopción de IoT. Los datos telemáticos y de sensores permiten tarifas más precisas y un enfoque preventivo.
Los dispositivos de telemetría en vehículos capturan datos de conducción: velocidad, frenadas y rutas. Con modelos PAYD y PHYD, las aseguradoras personalizan primas y fomentan la conducción segura, reduciendo siniestralidad hasta un 30 %.
Sensores de humo, fugas de agua e intrusión en viviendas y comercios han modificado el rol del asegurador: de indemnizador a aliado en prevención de riesgos. Clientes con dispositivos certificados obtienen descuentos y cobertura anticipada de incidentes.
Wearables y medidores de glucosa o presión arterial conectados ofrecen datos continuos de salud. Las pólizas dinámicas recompensan hábitos saludables con puntos y servicios adicionales, promoviendo un estilo de vida activo.
A pesar de sus beneficios, el IoT financiero enfrenta desafíos de seguridad, privacidad y estándares. El volumen masivo de datos requiere protocolos sólidos de ciberseguridad y cumplimiento de normativas globales.
Reguladores de Europa y Norteamérica avanzan en marcos que obligan a encriptación y auditorías periódicas, mientras Asia-Pacífico desarrolla estándares unificados para interoperabilidad.
El IoT en finanzas no es una tendencia pasajera, sino un motor de innovación que redefine operaciones, mejora la experiencia de cliente y reduce riesgos.
Adoptar estas tecnologías de manera estratégica y segura permitirá a instituciones financieras consolidarse en un entorno cada vez más competitivo y centrado en datos.
Referencias